La terapia de pareja es uno de los servicios más solicitados en Málaga y con nuestros 14 años de experiencia en psicología lo tenemos más que comprobado.

Pedir ayuda no nos quita mérito, valor, ni nos hace vulnerables. Permitiendo que nos echen una mano, nos escuchen, comprendan… mostramos nuestro lado más humano y humilde. Dar y recibir son las dos caras de una misma moneda. Al no pedir auxilio cortamos el flujo natural de la vida.

Si no te dejas ayudar, aunque con tu mejor intención (el típico: “no quiero molestar”) impides que el otro se sienta bien ayudándote. ¿De verdad vives como una molestia escuchar a un familiar que sufre o coger las bolsas de tu vecino anciano?. ¿Cómo te sientes cuando echas un cable a alguien?. Cuando das recibes, cuando recibes das. Dejarte ayudar es un regalo para los demás, les das la oportunidad de que se sientan útiles.

Cuando tenemos problemas de pareja la dificultad para buscar apoyo suele ser más grande. A veces creemos que solos podemos, considerando la ayuda profesional como una intromisión. En el centro se favorece la autonomía personal, en ocasiones basta con dedicarnos más tiempo para hablar, ceder, admitir, leer libros, asistir a cursos, talleres, charlas… Si somos capaces de gestionarlo por nuestros medios, fantástico. Si vemos que se nos va de las manos hay expertos que pueden darnos ideas, enseñarnos técnicas para llevar mejor los desacuerdos, lograr pactos, evitar conflictos… La filosofía de la consulta en el abordaje de estas crisis se basa en varios principios:

  • En la primera cita la presencia de ambos es lo más recomendable. Tras observar las dificultades se ofrece una orientación sobre lo conveniente en los siguientes encuentros. En el proceso hay cabida para reuniones a tres con la terapeuta y encuentros individuales en los que cada uno se expresa en privado. También se ofrece asesoramiento personalizado a personas que vienen solas porque sus compañeros no quieren hacer terapia.
  • Hay parejas que vienen una sola cita para un tema muy concreto o para desahogarse. Cuando las desavenencias son más grandes y están más arraigadas se necesita un tratamiento que no se sabe de cuantas sesiones será. Hacer terapia se parece un poco a aprender un idioma, ir al gimnasio o sacarse el carnet de conducir. Hay quien aprueba a la primera con 10 prácticas y quien requiere 30-40…). Al analizar cada caso en profundidad se orienta sobre la frecuencia y cada cual decide con total flexibilidad si acude una vez al mes, semanalmente, cada dos o tres semanas
  • Se intenta al máximo que ambas personas se sientan cómodas, ayudándoles a recordar que son un equipo, no dos partes enfrentadas. No es cuestión de pelear por llevar la razón, sino de tener presente que todos llevamos razón algunas veces y otras no. La terapeuta pregunta, escucha, comprende… en un marco de aceptación total y profunda, ayudando a ambos a valorarse y aceptarse de la misma manera.
  • A excepción de casos de maltrato, la responsabilidad de los conflictos está repartida. Cada miembro necesita centrarse en lo que puede hacer para mejorar el clima en lugar de acusar al otro.
  • Se cuida mucho de que se garantice la mayor objetividad. No se trata de buscar culpables, la mayoría de las veces hacemos lo que mejor sabemos y podemos sin darnos cuenta del sufrimiento de nuestra pareja. Todos cometemos errores y es importante perdonar y perdonarnos. Simplemente con comprender que el otro lleva la mejor intención pese a sus fallos, eliminamos un buen número de enfrentamientos.
  • Después de una infidelidad algunas parejas rompen y otras salen más fortalecidas. Lo más sano suele ser o continuar la relación perdonando de verdad o separarse si la confianza no se puede restituir.
  • El objetivo de la terapia es que ambos superen obstáculos, se respeten y comprendan mejor, al margen de que sigan como pareja o decidan separarse. Lo importante es que cada uno mantenga el mayor bienestar y tranquilidad para elegir lo que le proporcione más felicidad y en caso de ruptura tener recursos que garanticen la armonía.
  • Se tratan los problemas sexuales con diversas medidas como la focalización sensorial (para bajo deseo sexual, disfunción eréctil…); información clara y completa que desmonte estereotipos; técnicas de relajación; ejercicios para auto conocimiento corporal; actividades para desarrollar la imaginación y la creatividad aprendiendo a disfrutar plenamente de la sensualidad…
  • Se enseñan habilidades asertivas de comunicación basadas en el respeto mutuo. Decir no sin culpa, expresar emociones, atreverse a decir lo que se piensa con mensajes positivos no reprobatorios, encajar críticas, pedir disculpas, reconocer, establecer límites, transmitir afecto, recuperar complicidad, redescubrirse como personas y sexualmente, divertirse, piropearse
  • Es muy frecuente que en las relaciones se repitan las mismas discusiones una y otra vez. Con las herramientas que se aprenden en la terapia es más sencillo de lo que parece parar estos círculos viciosos; siendo conscientes de nuestra parte de responsabilidad; siendo asertivos; parándonos a respirar y reponernos antes de decir algo de lo que podamos arrepentirnos; cuidando nuestro lenguaje; controlándonos…

 

En los 14 años de ejercicio profesional del centro se ha constatado que la mayoría de las crisis de pareja se precipitan a partir de varios factores que suelen concatenarse:

  • Baja autoestima (sólo cuando nos amamos podemos dar a los demás lo mejor de nosotros)
  • Pretender cambiar al otro
  • Escasa inteligencia emocional (dificultad para conocer y gestionar los sentimientos)
  • Pobre autoconocimiento (no haber dedicado tiempo a reflexionar sobre lo que se desea en la vida, necesidades, límites infranqueables, prioridades…)
  • Idealización de la otra persona esperando que cubra vacíos afectivos y “nos salve
  • Comunicación deficitaria con reproches, mensajes ambiguos, accesos de ira, impaciencia…
  • Maltrato de una parte o ambas
  • Infidelidad
  • Anularse como persona haciendo de la relación la única vía de apoyo social olvidándose de espacios y tiempos individuales
  • No admitir errores ni responsabilidades atribuyéndolos al otro miembro
  • No disculparse ni empatizar
  • No desarrollar verdadera escucha activa (concentrarse plenamente en lo que nos dicen apartando los propios pensamientos en lo posible)
  • Rigidez mental que no permite aceptar planteamientos diferentes al habitual ni cambios de opinión
  • Incapacidad para decir “nosin culpa
  • Desconocimiento de la diferencia entre parejas sanas e insanas
  • Insuficiente información sobre preferencias (características que preferimos que el otro tenga pero que no pasa nada si no las tiene, por ejemplo: “me gustaría que le guste el senderismo, si no lo practico con amigos”) y condiciones innegociables (por ejemplo: “no estaré con alguien que se drogue”)
  • Falta de asertividad (la persona asertiva se quiere, respeta, cuida, valora… por eso mismo puede amar, aceptar, escuchar, comprender… a los demás)
  • Búsqueda continua de culpables
  • Considerar que se debe decir absolutamente todo sin filtro ni privacidad
  • Disfunciones sexuales (falta de deseo, aversión al sexo, vaginismo, eyaculación precoz…)
  • Rutina instalada en conversaciones, actividades compartidas, sexualidad…
  • Formalización precipitada de la relación y/o convivencia sin tiempo para conocerse en profundidad
  • Reparto desigual de labores domésticas
  • Establecimiento y/o mantenimiento del vínculo por miedo a la soledad o dependencia emocional
  • Injerencias por parte de la familia
  • Actitud competitiva en lugar de cooperativa
  • Poco interés en llegar a acuerdos en la convivencia, ocio, cuestiones económicas…
  • Disparidad de criterios sobre crianza y educación de los hijos
  • Postergar temas importantes sin pararse a hablar detenidamente sobre cómo afrontarlos
  • Deficiente capacidad para superar imprevistos y adaptarse a los cambios
  • Diferencias irreconciliables de caracteres, ética, cultura, religión, costumbres, filosofía de vida…